miércoles, 27 de febrero de 2013

Reihe

Serie del delirio, serie de las ilusiones, serie del abismo que acaricia las esquinas de una imagen sin sonidos; serie de las sombras que se desplazan sobre el silencio, como gatos acechantes, o dormidos, o despiertos, o heridos, o inciertos o perdidos...

Serie de los objetos que se deslizan por las telarañas que cubren su piel, serie de los fantasmas que recuerdan horas y rostros y nombres; y olvidan muertes y lunas y lugares; serie de espirales de humo, que ascienden en un éxtasis interminable, inexistente, inaudible e inevitable; como las miradas de los gatos que se descuelgan de la noche para caer, azules, sobre algún lugar que se pierde entre la niebla y un tiempo blanco.
Serie de las noches que se suceden sin prisa, pensando en voces y rostros y fragmentos de cartas que se enredan con su rostro al caer las fotografías; serie del tiempo que se hunde sobre sí mismo, haciendo un ovillo felino mientras la música se pliega en el silencio, se hunde en el vino y en las fotos y en las cartas y en los rostros y en la niebla de los ojos, y en la niebla de mis ojos, y en la sombra de tus ojos... Delirantes como aquellos sueños que huyen hacia las tres de la mañana sin mirar atrás, sin despedirse de las manos insomnes que los buscan a tientas.

Y la música termina de borrar las esquinas de las cartas, de las fotos, de los nombres y los rostros; y todo es otra vez sonido y silencio; todos sus rostros, todos sus cuerpos y sus nombres flotan con el humo y la música en una sola espiral que se eleva hasta perderse en la oscuridad del techo.
Felina serie de las garras, serie de la noche, serie del silencio, serie del abismo, serie de las sombras, serie de los ojos, serie del sonido, serie de las ilusiones, serie del delirio, serie de su cuerpo disuelto en notas de humo, en gotas de música, en espirales de alcohol.

lunes, 18 de febrero de 2013

El Misterio

No hay cacería sin presa, ni cuerpo que no encierre un alma, ni fuego que no hiera o ilumine. No es una cuestión de orden, sino de caos; órdenes contrapuestos, desórdenes que purifican, el café que se derrama sobre la camisa a la hora del desayuno nos hace llegar tarde al examen, pero también evita que tomemos ese taxi que acabará estrellándose a mitad del recorrido. Un equilibrio logrado en base a movimientos desesperados sobre algún tipo de cuerda floja que no comprendemos en su totalidad, avanzamos improvisando movimientos, sin saber cómo o por qué, sin tan siquiera recordar dónde rayos empezamos a recorrer la cuerda. Es así que El Misterio se convierte en parte de todo.

El Misterio en sí mismo, es algo inexplicable, es la verdad absoluta a la que inútilmente aspiramos o el punto de vista relativo que desconocemos, es el tumor que se gesta o no en el silencio de mi cerebro, pulmones, garganta o algún otro recóndito y orgánico lugar de mi cancerígeno cuerpo de fumador. El Misterio es el Dorado que aguarda por el conquistador español y al mismo tiempo es la venenosa y amazónica serpiente que va a matarlo en cuanto dé el siguiente paso, El Misterio es el Padre en cuyas manos encomiendas tu espíritu o la oscuridad de aquella mujer en cuyas imaginadas piernas serías capaz de perder el nombre, el verbo y la carne.

No hay límite alguno, el misterio es todo aquello que desconocemos, que imaginamos y que creemos conocer, todo lo que está más allá del yo inmediato, e inclusive aquello que forma parte de éste; a medida que conocemos, experimentamos, imaginamos, etcétera; tomamos consciencia de la magnitud de aquello que desconocemos, a medida que perfeccionamos nuestro conocimiento, se hacen más obvias sus imperfecciones; el grifo gotea a las tres de la madrugada en la casa que compraste, el nuevo profeta que anuncia el fin de los tiempos tiene una cuenta en gran caimán, Twist N' Shout no es de los Beatles y mientras fumas al lado de la mujer de tus pesadillas pensando en la increíble noche que acabas de pasar al lado suyo (o encima suyo), ella pone un disco de Arjona.

El misterio es esencial en todo (inclusive en la nada; así como las gotas gotean, la nada nadea y punto, ahí reside su misterio), mientras terminas el cigarrillo e intentas no pensar en lo que hace un taxista seduciendo a la vida; comprendes la magnitud real del Misterio; el monstruo bajo tu cama, los efectos que tanta nicotina ejercerá sobre tus apreciadas gónadas, la dudosa homosexualidad del mejor amigo de tu enamorada, la raíz cuadrada de Pi, las últimas notas de "La Inconclusa", la posibilidad de que no estemos solos en el universo, tu feliz ignorancia del cómo cuándo y por qué de tu muerte (o de tu concepción), la visión del mundo a través de los ojos de un insecto, la vibración sutil de los infrasonidos, la suavidad de la piel de aquella princesa vampira que te mira y respira, la música de las esferas, los secretos de la Esfinge, la receta de la Coca-Cola, la prisión que la locura representa, el dolor o el placer extremos de una sobredosis, la textura de las páginas del libro de arena, los secretos del Felinismo, el veneno sutil de la canción de las sirenas, la agonía o el éxtasis de tu último momento, todas las experiencias, todos los sonidos, todos los colores, todos los sabores, todos los géneros, todas las alucinaciones, todas las realidades, todos los sueños, los despertares y las pesadillas, los rostros que devuelven la mirada desde todos los espejos, todas las sombras, todos los géneros, todas las luces, los misterios que se revelan a los gusanos en la oscuridad de las tumbas, El nombre de Dios y el de su asesino, los misterios del amor y de la muerte, todos los misterios. El Misterio puede ser, puede ser cualquier cosa, su naturaleza no tiene límite, es a la vez bello y terrible.