Serie del delirio, serie de las ilusiones, serie del abismo que acaricia las esquinas de una imagen sin sonidos; serie de las sombras que se desplazan sobre el silencio, como gatos acechantes, o dormidos, o despiertos, o heridos, o inciertos o perdidos...
Serie de los objetos que se deslizan por las telarañas que cubren su piel, serie de los fantasmas que recuerdan horas y rostros y nombres; y olvidan muertes y lunas y lugares; serie de espirales de humo, que ascienden en un éxtasis interminable, inexistente, inaudible e inevitable; como las miradas de los gatos que se descuelgan de la noche para caer, azules, sobre algún lugar que se pierde entre la niebla y un tiempo blanco.
Serie de las noches que se suceden sin prisa, pensando en voces y rostros y fragmentos de cartas que se enredan con su rostro al caer las fotografías; serie del tiempo que se hunde sobre sí mismo, haciendo un ovillo felino mientras la música se pliega en el silencio, se hunde en el vino y en las fotos y en las cartas y en los rostros y en la niebla de los ojos, y en la niebla de mis ojos, y en la sombra de tus ojos... Delirantes como aquellos sueños que huyen hacia las tres de la mañana sin mirar atrás, sin despedirse de las manos insomnes que los buscan a tientas.
Y la música termina de borrar las esquinas de las cartas, de las fotos, de los nombres y los rostros; y todo es otra vez sonido y silencio; todos sus rostros, todos sus cuerpos y sus nombres flotan con el humo y la música en una sola espiral que se eleva hasta perderse en la oscuridad del techo.
Felina serie de las garras, serie de la noche, serie del silencio, serie del abismo, serie de las sombras, serie de los ojos, serie del sonido, serie de las ilusiones, serie del delirio, serie de su cuerpo disuelto en notas de humo, en gotas de música, en espirales de alcohol.
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