martes, 18 de marzo de 2014

Prosthetic soul

La evolución es una suma de errores (Mutaciones, dicta el eufemismo), en los que la transmisión de un mensaje sin sentido, sin destinatario y sin emisor, ha prevalecido por sobre (y a costa) de los organismos de los que se sirve para transmitirlo, ergo, la vida no se sirve del código para su preservación, sino que el código se auto-preserva y corrige mediante una serie de sucesos y fenómenos en los que la vida no es más que el medio más eficiente (por el momento) de transmitir el código.
La vida es, por tanto, tan sólo un fenómeno secundario que ha probado ser eficiente para una replicación relativamente enriquecedora del código. Cabe destacar que, de los eventos posibles alternativos a la vida, lo único que la distingue de entre éstos, es que la vida sucedió primero; si las posibilidades son infinitas (y lo son) sólo cabe esperar a que los eventos se sucedan uno tras otro, bajo diversas condiciones y en diversos momentos, hasta cubrir la totalidad de las posibilidades, con la eternidad como telón de fondo, lo inexistente y lo inconcebible tan sólo dormitan entre los eones; en algún momento la vida fue inconcebible, durante mucho tiempo, fue inexistente, pero el código precedió a la vida, surgió del caos y dio forma a la materia, arrancando  la vida del carbono inerte.
Y desde entonces, el degradado hálito de la inmortalidad se hace eco a través del tiempo; palpitando, deforme y distorsionado, en formas transitorias de vida, sombras de un grito que se arrastra entre las grietas del tiempo, adentrándose en el abismo de lo que aún no existe.

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