martes, 12 de marzo de 2013
Anhedonia
No crecen flores en las calles de anhedonia,
llueve sobre todas las cabezas, llueve a medianoche sobre el puente y bajo el puente,
llueve sobre los rostros que miran la lluvia colarse al interior de los zapatos,
llueve sobre los abrigos agujereados, y se confunde la lluvia de las nubes con la lluvia de los ojos,
llueve sobre la piel fría como el café del desayuno al amanecer del lunes.
Los paraguas rotos se despliegan como extraños cisnes de negros contornos
y el tren siempre pasa, pero nunca se detiene;
y las horas siempre se detienen, pero nunca pasan.
Siempre es tarde de domingo o lunes a la mañana, en anhedonia.
siempre se enfría el café sobre la mesa, siempre es tarde,
siempre son las seis de la tarde que no fuiste al lugar en el que te espero desde las cuatro.
Llueve sobre la piel, y bajo la piel araña el frío,
y sobre la piel se eriza el miedo.
No se olvida en anhedonia, pero la niebla devora tu rostro.
y no se sabe si es ayer, si fue mañana o si será hoy cuando mi rostro abandonó los espejos y las fotografías.
Caminas bajo la lluvia y estás aún en cama, y te sientas bajo el puente, y ves enfriarse el café, y no estás en los espejos, y todo al mismo tiempo, o en el mismo lugar.
Nadie va a llamar, nadie va a tocar el timbre a la tarde del domingo, nadie vendrá a las siete a tomarse contigo el café que se enfría desde las cuatro de aquella tarde, nadie arreglará el paraguas roto, nadie bajará del tren con una sonrisa familiar, nadie te verá disolverte en la lluvia bajo el puente.
Nadie vive más allá de la pared.
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