martes, 23 de julio de 2013

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La realidad existe como un absoluto objetivo, independientemente de la consciencia humana que cree experimentarla a través de los sentidos, independientemente de la emocionalidad que contamina dicha percepción e independientemente de la razón que intenta establecer representaciones coherentes de la ya mencionada realidad.

A menos, claro, que estés loco; en ese caso quedan fuera de juego la consciencia, la racionalidad y la emocionalidad; eso hace de ti un ser inhumano.

Sin embargo, la realidad (absoluta y objetiva); se hace trizas frente a la intervención de una variable caótica cuya presencia es esencial tanto en el ser humano como en el inhumano:
La voluntad.

Somos la semilla del Caos al interior de un universo que de otro modo estaría completamente muerto.
Es así que la realidad es absoluta y objetiva, pero a la vez dinámica. Lo único que permanece inalterable es la verdad; que, por cierto, es inhumana.
El ejercicio de la voluntad rompe los esquemas de la realidad, alterándola en función de sus propias reglas. Ésto se debe a que dichas reglas son las reglas que rigen a la realidad, no las reglas que impone la realidad. El único conocimiento verdadero (la única aproximación válida a la verdad) es el conocimiento acerca de las leyes que gobiernan la realidad, aquellos principios en función de los cuales puede ser alterada.

La realidad es el conjunto de líneas imaginarias que la danza incomprensible del Caos va dibujando en el vacío.

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