viernes, 7 de febrero de 2014

Aberglaube


"...Es así que, durante el sueño, carecemos tanto de libre albedrío como de la capacidad de cuestionar verdaderamente el relato onírico. Las situaciones que experimentamos nos parecen perfectamente sensatas y razonables aunque no sobrevivan a un posterior análisis de su factibilidad o de lo irracional de los mismos; ver cómo un árbol alza el vuelo no nos desconcierta en lo más mínimo, es por eso que podemos permitirnos dudar de la "realidad" no onírica, lo que conocemos como la vigilia, las horas que pasamos "despiertos", podrían no ser más que una construcción similar en la que nos parece que somos libres de actuar como queramos, que nada desafía a la lógica y que todo tiene perfecto sentido. Pero ¿Y si lo que consideramos "Real" fuera también una distorsión?¿Y si al "despertar" de un sueño ingresáramos a otro en el que también todo nos parece lógico y perfectamente regulado?, tal vez un día despertemos "de verdad" o despertemos a otro sueño y nos parezca ridícula o estremecedora una cuestión como la ley de gravedad, tal vez un día despertemos a otro sueño o a otra vigilia y recordemos (con ese olvido a medias que es característico de los sueños recordados al despertar un día de universidad, alarma de mierda que no suena a tiempo), tal vez recordemos con extrañeza un sueño en el que éramos doctores, psicólogos o ingenieros, tal vez nos estremezca recordar que en nuestro sueño habían automóviles, neblinas de ciudad, animales voladores, extraños insectos que cobraban vida al enchufarlos a una pared, cuerpos, libros, carreteras, hormigas, edificios, tal vez un día despertemos de este sueño y recordemos a medias el rostro de una mujer con la que (qué ridiculez) soñamos veinte años de matrimonio..."

(De Hipnótica, capítulo XIII)

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