Es una de esas tardes grises,
tarde gris de paredes blancas y azules, tarde gris de café a la hora de siempre, gris el mismo sofá que se hundirá a la misma altura, gris brisa que entra por la ventana, gris ventana abierta, gris mirada imperturbable, gris arma que se levanta, gris boca que se abre con lentitud, gris cañón oscuro que entra en la boca, formando parte de la misma oscuridad, una cavidad oscura dentro de otra; tarde gris hasta que el silencio (blanco) y el vacío (Negro) se sacuden por el sonido del disparo; por un momento se a el conflicto natural, dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio, al mismo tiempo, pero al objeto más grande se le ha acabado el tiempo por voluntad propia, así que el proyectil desplaza a la carne y la carne expande su espacio, el ser más grande, (el ser que decidió dejar de ser) difumina el espacio que le corresponde y crece de forma antinatural, se convierte en manchas de color violento contra las paredes, trazos de una geometría (o de una geografía) irreal; es aire y hueso y carne y sangre en las paredes, sin límite.
El cuerpo se desplaza ligeramente hacia atrás (Por el impacto) y Florece, florece rojo desde la base del cráneo, y todo escapa, materias diversas (blanca, gris, cabello, saliva...), ideas diversas, alma, mente, recuerdo, sensación, percepción, sentido y sensibilidad, castigos y crímenes varios, expectativa, imaginación, sueño, éter, amor, Dios, Zen, sol, e inclusive la fórmula química de la pólvora que convirtió su cabeza en una roja flor de silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario